
Sueño que todo tengo, sueño que nada tengo.
Despierto confundido, abro los ojos y veo que nada se ha cumplido.
Caminando por mi cuarto, embriagándome con el sonido de la noche y llenando mis pulmones con aire sabor a mar en el rocío.
Ando, pienso y miro, que todo lo que tengo conmigo es ilusión que desvanece bajo el árbol sombrío, que refleja en mi mente un joven corazón, pero a la vez maduro pensamientos que jamas serán interrumpidos.
Empaco mis valijas, llevando conmigo mis armas de la vida: un viejo cuaderno y un fiel lápiz, para emprender el viaje tallando mi propio camino, pintando mi propio destino con crayones y colores, entre hojas, lienzos y vinillos.